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ADAPTARSE PARA SOBREVIVIR.

HAY MÁS DE DOS MILLONES DE ESPECIES DE SERES VIVOS EN LA TIERRA, Y NO HAY DOS QUE SEAN EXACTAMENTE IGUALES. ESO ES PORQUE CADA UNO HA SEGUIDO POR SU PROPIO CAMINO AL EVOLUCIONAR, Y HA DESARROLLADO DISTINTAS ADAPTACIONES PARA SOBREVIVIR.
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Si los seres vivos estuvieran perfectamente equipados para su forma de vida, nunca tendrían que cambiar. La selección natural actúa constantemente, impulsando cualquier característica a un ser en su lucha por la supervivencia. Eso es lo que lleva img2haciendo desde hace más de tres mil millones de años, así que ha tenido mucho tiempo para generar una variedad inmensa de adaptaciones. Cuando observamos el mundo natural, vemos esas adaptaciones por todas partes. Algunas llaman la atención y son fáciles de comprender, pero otras son más difíciles de localizar, y actúan de forma misteriosa.

 

 

APROVECHANDO LA LUZ.
Las laderas llenas de ceniza de un volcán y las aguas turbulentas de una costa rocosa no pueden ser más distintas como hábitats, por eso sus plantas y sus animales se han desarrollado de forma distinta. En las islas Hawai, la ahinahina crece en algunos de los volcanes más altos de la img3Tierra. Sus hojas están cubiertas de pelos, que les protegen del ardiente sol que podría quemarlas. En la costa rocosa de California vive un alga llamada varec gigante  con un problema contrario al anterior. Para alcanzar la luz, deben crecer hacia arriba atravesando cincuenta metros de agua.¿Cómo lo consigue? Mediante flotadores llenos de gas, que mantiene la planta erguida al crecer.
ADAPTACIONES ANIMALES.
img4La evolución aún muestra más inventiva en el mundo animal. A diferencia de las plantas, los animales se mueven, y también comen; por eso, la selección ha logrado desarrollar alguna de las adaptaciones muy especializadas para sus distintas formas de vida. Nuestros dedos son un ejemplo, porque nos permiten coger y sostener cosas de mil maneras distintas. Sin embargo, cuando se trata de dedos, no podemos compararnos con el ay-ay, un primate muy extraño de los bosques de Madagascar. Como nosotros, el ay-ay tiene cuatro dedos y un pulgar, pero el dedo medio es mucho más largo y delgado que el resto, y el ay-ay lo usa como una baqueta, tamborileando en las ramas mientras trepa a los árboles. Si el sonido parece prometedor, el ay-ay arranca la madera y extrae insectos que se esconden en su interior.
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