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FIJISMO Y EVOLUCIONISMO.

La aceptación universal del proceso evolutivo tuvo su origen en el comienzo del siglo XIX. Hasta ese momento dominaban las doctrinas llamadas fijistas, que fueron sustituidas por las doctrinas evolucionistas.

 

    

 

Fijismo:

Para el fijismo, las especies de seres vivos permanecen inalterables a lo largo del tiempo, es decir, son inmutables. Según esta teoría, las especies actuales serían las descendientes, sin variaciones, de las primitivas que aparecieron sobre la Tierra. La doctrina fijista es totalmente contraria a cualquier idea relativa a la evolución de las especies.

         Ante la evidencia de que existen fósiles entre los que se pueden observar especies inexistentes en la actualidad, los científicos defensores del fijismo recurrieron al argumento de las catástrofes. Así, por ejemplo, grandes científicos como Bonnet (finales del siglo XVIII) y Cuvier (principios del siglo XIX) defendían que la Tierra se ve sometida periódicamente a una serie de catástrofes que hacen desaparecer muchas de las especie existentes hasta el momento. Por tanto, los fósiles serían la evidencia de las especies desaparecidas y las especies actuales serían descendientes de las que no sucumbieron en las catástrofes.

 

    
Teorías evolucionistas:


Frente a las teorías fijitas surgieron científicos como Lamarck y Darwin; que crearon la doctrina del evolucionismo.

         Según las doctrinas evolucionistas, los seres vivos a lo largo de su historia han ido evolucionando, es decir, adquiriendo un mayor grado de diferenciación. Así, según se retrocede en el tiempo se puede observar una menor diversidad de seres, lo que implicaría un menor grado de adaptación y de menor evolución en la comparación con las especies actuales.

Lamarckismo:

Lamarck fue pionero en las ideas acerca de la evolución de las especies. Según su teoría, todas las especies se están esforzando continuamente por adaptarse mejor a las condiciones del medio en que viven y, en consecuencia, desarrollaron más los órganos que más utilizaban.

         Para el lamarckismo, su principio fundamental es: la función crea el órgano. El ejemplo propuesto por Lamarck  era que las jirafas cada vez necesitaban estirar más el cuello para alcanzar las hojas más altas de los árboles de acacia de los que se alimentaban. El cuello se hacía cada vez más largo, y este carácter adquirido era heredable.

         Hoy día esta doctrina, tal y como la acabamos de exponer, no es admitida, ya que los caracteres adquiridos o modificaciones que no afectan a los genes no son heredables. Si un padre, gracias al gimnasio y entrenamientos, adquiere una potente musculatura, los hijos no tienen por qué presentar una musculatura más desarrollada de lo normal.

 

Darwinismo:
En 1859, Charles Darwin publicó el libro “el origen de las especies”, donde exponía sus ideas acerca de la evolución de las mismas. La teoría darwinista se apoya fundamentalmente en el hecho de que los individuos más aptos para son los que sobreviven y por tanto, dejan descendencia. Esta aptitud o variación favorable sí que está  determinada por la carga de genes y, por tanto, es heredable. En consecuencia, todo cambio evolutivo se debe a un proceso de selección entre los más aptos.

         Según esta teoría darwinista, lo que acontece en el ejemplo anterior de las jirafas es lo siguiente: entre las jirafas, las hay con cuello más largo y con cuello más corto. Al escasear antes las hojas más bajas en los árboles, solo las de cuello más alto podrían alimentarse correctamente y sobrevivir, mientras que las otras irían desapareciendo. El carácter favorable de tener el cuello más alto está implicado en los genes y , por tanto, es heredable.

 

Darwin sostenía que la evolución es gradual y que las especie presentan cierta variabilidad. Siguiendo con el ejemplo anterior, podemos considerar que no todos los individuos , aunque pertenezcan a la misma especie, son idénticos: hay jirafas más altas, más bajas, con cuello más o menos largo, con patas más largas, con patas más cortas, etc. Podemos observar que existe una gran variabilidad y que en ella se observan variaciones graduales.

         El darwinismo está fundamentado en que los individuos genéticamente mejor adaptados los que dejan descendencia.

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